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Comentario a obras literarias

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick (1968)


Un clásico de la ciencia ficción, y considerada por muchos como la mejor novela de este autor. La novela transcurre en un futuro que ya pasó (1992), en un universo distópico. Son muchos los temas que trata la novela, desde la responsabilidad del ser humano en un mundo decadente hasta temas religiosos y de trascendencia. Sin embargo, y a mi parecer, uno de los temas fundamentales de la novela es la distinción entre lo verdadero y lo falso; y más allá de eso, de lo real.

Es un planeta muerto luego de la Guerra Mundial Terminal, asfixiado en polvo radiactivo, con la gran mayoría de especies extintas. Lo curioso es notar que tener un animal, cualquiera que éste sea, se convierte en una medida de éxito y de posición social (análogo a lo que es hoy tener un auto lujoso). Debido al estado del planeta, la ONU está incentivando a los habitantes a emigrar hacia Marte, y en ayuda, dona a cada familia un androide para el uso de las tareas del hogar, o en general para trabajos en que el hombre no es capaz de desempeñar. Sin embargo, y en contra de lo que se suponía de los androides, estos parecieran desarrollar la capacidad de querer la libertad y la independencia; experimentan miedo a la muerte, deseo de tener otro estilo de vida y liberarse del yugo de los humanos. Así, un grupo de ocho androides escapan de Marte a la Tierra (modelo Nexus-6, los más avanzados) y tratan a toda costa de pasar desapercibidos gracias a su apariencia idéntica a los humanos.

Pero no pueden vivir según sus deseos, es ilegal. Por ello deben ser “retirados” por agentes especiales de la policía, llamados “cazarrecompensas”. Este es el empleo del protagonista de la novela, Rick Deckard. En principio, los androides no son más que aparatos electrónicos altamente avanzados, y como tal, se usan y cuando no son necesarios se eliminan. Pero, ¿realmente son solo cosas? ¿Es real la personalidad que desarrollan o el sentimiento de muerte? En el transcurso de la novela, Rick se empieza a cuestionar si en realidad solo son cosas y si tiene el derecho de ir retirando (o ¿asesinando?) a androides por dinero.

Estos androides avanzados son tan similares a los humanos que la única manera de reconocerlos es a través de un test de empatía o por medio del análisis de su médula. En teoría, la diferencia entre androide y humano, entre lo natural y lo artificial, es la empatía. En la novela, el test utilizado se denomina “Test de Voigt-Kampf”, el cual mide y registra la reacción frente a determinadas situaciones hipotéticas. Pero al parecer, el test deja dudas respecto a su precisión frente al  Nexus-6. Durante la novela se desarrollan eventos y situaciones que intentan mostrar que esa línea tan bien definida se difumina y se abre una zona gris. El propio protagonista llega a dudar de su humanidad, y Phil Resch (otro cazarrecompensas) es humano pero parece un androide por su falta de empatía hacia los demás.

A mi modo de ver es lo más interesante de la novela. La zona gris en donde los conceptos se confunden y no es posible tener certeza ni de la propia identidad. Lo artificial pretende imitar lo natural, y lo natural depende de lo artificial. Incluso los sentimientos son estimulados por una especia de cajas mecánica, llamadas “cajas de empatía”, las cuales pueden generar sentimientos en los humanos. Es lo artificial queriendo ser natural y lo natural queriendo ser artificial. Entonces. ¿qué nos define como humanos? El propio Deckard duda de su humanidad en tanto que su trabajo lo convierte en un ser apático y mecánico, sólo útil para matar. Creo yo que “humano” lo define las experiencias que tenemos y la reflexión que hacemos de las mismas… lo artificial es lo mecánico y lo repetitivo. Lo humano, entonces, parece ser una condición que se gana.

Respecto a la película Blade Runner (1982), la novela es muy superior. Primero vi la película y me pareció un poco confusa; y la verdad es que hay muchos elementos de la novela que no son tratados en la película. Pero es muy interesante leer el libro y luego ver la película, es más fácil comprender muchas cosas que de otra manera es difícil.

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Crónicas Marcianas, Ray Bradbury (1950)


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La ciencia se nos adelantó demasiado, con demasiada rapidez, y la gente se extravió en una maraña mecánica, dedicándose como niños a cosas bonitas: artefactos, helicópteros, cohetes; dando importancia a lo que no tenía importancia, preocupándose por las máquinas más que por el modo de dominar las máquinas. Las guerras crecieron y crecieron y por último acabaron con la tierra. Por eso han callado las radios. Por eso hemos huido… (p. 240).

La cita pertenece a los últimos pasajes del libro, y sintetizan el mensaje con el cual Bradbury nos habla de un futuro que no es tan distante. Sin duda, las máquinas son ahora parte fundamental de nuestras vidas. Dependemos de autos para movilizarnos, computadores, teléfonos celulares, iPods y un sin fin de aparatos que nos hacen la vida más cómoda.

Pero es ahí, en la palabra “cómoda” donde se encuentra la cuestión. ¿Hasta qué punto la tecnología atrofia nuestra humanidad? Antes, si un niño tenía una duda de algo preguntaba a los adultos, hoy simplemente va a Google. Si tenemos necesidad de afecto nos inscribimos en páginas de hacer amigos o en facebook, o simplemente descargamos pornografía. Este es el tiempo en que las máquinas nos dominan, las nuevas generaciones ya no conciben una realidad sin virtual.

Borges escribe en el prólogo que le hace a esta obra:

¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad? (p. 8).

Seguramente, tal terror y tal soledad se debe a que nos reflejamos como una raza sin poder de sus propias creaciones. El hombre crea pero no controla.

Por otro lado, no pude dejar de asociar las diferentes crónicas con la conquista del oeste Norte americano. Olas sucesivas de bárbaros con el derecho autodesignado de poseer lo que pertenece a los pobladores nativos. No sólo los aniquilaron físicamente, sino que la cultura milenaria fue arrasada y olvidada.

Pero quizá la fibra sensible que logra mover Bradbury, es advertirnos del efecto de regreso que tienen nuestras acciones. Asumimos que la historia es lineal, que lo que hagamos hoy no tendrá consecuencias. El hombre se ha dedicado a destruir, y cuando no tenga más que destruir… se destruirá a sí mismo.

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El Proceso, Franz Kafka


El sujeto en la espera del vacío

Es posible que El Proceso se parezca a un mal sueño. Si bien existe un hilo conductor desde el momento en que a Joseph K. se le comunica de su proceso, hasta la ejecución, el tiempo narrado parece discontinuo, plagado de saltos, incoherencias y sucesos que no deberían ser. Los laberintos del juzgado representan las muchas ramificaciones de la novela, todas las posibles entradas y ninguna salida.

Para alguien desprevenido bien puede parecer un relato oscuro, aburrido y sin resolución. Pero lo curioso es que tal opinión es cierta. La sociedad que por suerte (o destino) nos correspondió vivir, es una sociedad facilista y de comida rápida. Nos educan para consumir, y ello implica poseer todo cuanto podamos en el menor tiempo posible; y claro, para cumplir con la cuota de cantidad, el tiempo y el esfuerzo de consumo debe reducirse a su mínima expresión. La lectura no escapa a esta doctrina.

El lector consumidor desea que su lectura sea evidente y entretenida. Con el tiempo y el esfuerzo gastados en El Proceso, un lector “inteligente” bien podría leer tres o cuatro libros de temporada.

Pero la literatura no se limita a cuentos inventados por gente de mucha imaginación. Por el contrario, al leer, al leer bien, no nos importa qué es lo que pasa sino cómo pasaron los acontecimientos. La narración en la novela se atañe a lo humano, a la aventura existencial del hombre. Asimismo, es importante tener en cuenta que la novela es un género propio de la Edad Moderna, nacida como respuesta del hombre sensible al racionalismo y al progreso que desprecia lo subjetivo, lo íntimo y lo mítico de la existencia.

El desarrollo de las ciencias llevó al hombre hacia los túneles de las disciplinas especializadas. Cuanto más avanzaba éste en su conocimiento, más perdía de vista el conjunto del mundo y a sí mismo, hundiéndose así en lo que Heidegger, discípulo de Husserl, llamaba, con una expresión hermosa y casi mágica, «el olvido del ser» (Kundera, 2007, p. 14).

K. nos recuerda constantemente aquel olvido del ser, representado en una difusa neblina. K. intenta cumplir la primera citación en el proceso, pero nos inquieta que acude a ella sin hora exacta ni lugar preciso; solamente advertido por una llamada que debía presentarse el domingo próximo.

El juzgado se nos presenta lleno de gente, pasillos interminables; cientos de habitaciones que K. cruzó en busca de una. Al final, como de si un espectáculo se tratase, K. es conducido a la tarima donde un amplio público parece tomar partido, pero que al final todos representan lo mismo.

El aire viciado del juzgado enferma a K., y es importante notar que los empleados le ayudan a salir del edificio, pero sólo hasta la puerta. Para aquellos empleados tal atmósfera les resulta natural, hasta el punto de no soportar el aire fresco del exterior. Esta situación es una representación de lo que el sistema hace al ser que es atrapado en su atmósfera: se acostumbra al vaho.

Por todos los medios K. intentó conocer del proceso, las causas que llevaron a que sobre él posara la mirada inquisitiva de la justicia. Sólo obtuvo evasivas y formalismos sin fundamento. Los agentes que le detuvieron se negaron a responder, pues su función se limitaba a cumplir las disposiciones del juzgado. En la citación del proceso enfrenta valientemente a sus acusadores pero sin certeza respecto de qué se defiende. Elsa, quien vivía en el juzgado, le permitió ver los documentos del juez de instrucción dejados sobre la mesa del tribunal. Pero sólo encontró pornografía y “los sufrimientos de Gretel a manos de Hansel”. El abogado Huld, Leni, el pintor Titorelli, el comerciante Block y el sacerdote de la catedral parecen conocer del proceso de K., pero ninguno brinda una respuesta, sólo evasivas y desconcierto. En conclusión, K. está solo.

También es importante anotar las relaciones truncadas con las mujeres de la narración. La señorita Burstner, Elsa y Leni. Siempre parece establecerse una fuerte relación con K., relación de la cual esperaba con ilusión apoyo y luz en medio de la oscuridad de su proceso. Sin embargo, al final parecía que ellas sólo querían jugar, o tenían otros amantes o se iban sin dejar rastro. Esta situación reforzaba su sentimiento de soledad y abandono.

Por otro lado, el proceso no se limita al juzgado. Más bien parece ser que el proceso se desarrolla en la vida de K. Las acciones que lleva adelante se pierde en laberintos, quien le rodea parece jugar un rol en su proceso, bien sea acusándole o ayudándole. De ello, las niñas que inquietan a K. mientras visita al pintor es claro ejemplo. Titorelli le confiesa al oído: “Esas jovenzuelas también representan a la justicia” (Kafka, 2000, p. 228).

Asimismo, Leni le dice a K. cuando él le comunicó que iría a la catedral: “¡Están hostigándote!” (Kafka, 2000, p. 296). El cliente italiano del banco, el subdirector, los clientes y los empleados parecen hostigarle todo el tiempo sin un motivo claro. K. juega un juego del cual desconoce las reglas.

La angustia de la sin salida termina por agotar las fuerzas de K., quien se rinde ante lo absurdo y la impotencia de no poder encontrar una salida al laberinto que le impusieron sin razón. La historia del centinela manifiesta la inútil espera para entrar a la justicia; y al final, ya agonizante, se entera que pudo entrar, pero aquel centinela nunca le dijo.

Bien nos dice Sartre en relación al papel del escritor en la sociedad:

Pero, desde ahora, podemos llegar a la conclusión de que el escritor ha optado por revelar el mundo y especialmente el hombre a los demás hombres, para que éstos, ante el objeto así puesto al desnudo, asuman toda su responsabilidad. (…) la función del escritor consiste en obrar de modo que nadie pueda ignorar el mundo y que nadie pueda ante el mundo decirse inocente (Sartre, 1957, p.55).

Todos estos elementos que hemos enumerado de la obra constituyen la intención del autor de desnudar la realidad. Y esa realidad la constituye la angustia del hombre moderno, escrutado por el sistema en sus diferentes ataduras: lo económico (el banco), lo judicial (el juzgado) y lo religioso (la catedral); pero cuya comprensión del mismo no le es posible alcanzar y mucho menos liberarse. Al final K. es ejecutado y nunca supo por qué.

REFERENCIAS

Kafka, F. (2000). El Proceso. Madrid: Editorial EDAF.

Kundera, M. (2007). El Arte de la Novela. Barcelona: Tusquets Editores.

Sartre, J. (1957). ¿Qué es la literatura? Buenos Aires: Editorial Losada S.A.

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El viejo y el mar, Hemingway (1952)


El único espectador de cada quien

Nos ha tocado vivir en una sociedad que desafortunadamente estimula una serie de valores (o antivalores) que no nos ayudan a lograr una buena vida. Todos esos valores parten de una premisa que considero errada: el individuo es la medida de todas las cosas y el principio de la vida en sociedad. Así, es el individuo que debe buscar su propio beneficio y bienestar, buscando el placer y huyendo al dolor.

No obstante, este fundamento es mentiroso, pues el individuo como realidad se sustenta en la sociedad. Por ejemplo, gracias al lenguaje el individuo puede expresar sus emociones o sus pensamientos, pero es el lenguaje una construcción social. Asimismo, la educación, que es el tema que nos convoca, es una construcción social que el individuo se apropia. Por ejemplo, veamos el caso de un ingeniero: estudia cinco años y gracias a sus conocimientos es capaz de diseñar un puente; ahora bien, esa capacidad del ingeniero ha sido posible porque desde la antigüedad se han realizado diferentes descubrimientos que han permitido que hoy exista la ingeniería. Es decir, el conocimiento es social, y como tal, debe responder a criterios sociales.

Por otra parte, está muy extendida la idea del “sálvese el que pueda”, “si yo estoy bien no me importa el resto”. Pero lo que ese limitado pensamiento no nos deja ver es que todos dependemos de todos.

“Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”.Martin Niemoeller.

En el sentido de lo dicho, en El viejo y el mar encontramos a otro ser humano diferente al individualismo vulgar que busca el dinero, el placer y la fama; Santiago, por el contrario, es el hombre que se enfrenta a la vida a partir de su ser, de sus anhelos y esperanzas. Cazar al pez más grande es una simple excusa, más allá de este hecho se encuentra el cultivo de la propia alma. En este sentido, la única “recompensa” es la satisfacción de haber dado todo de sí con honestidad.

La novela nos invita a concebir al hombre de una manera diferente de lo que la sociedad actual lo limita. Para todo proyecto de vida lo importante es trascender la apariencia del dinero, un “buen puesto” o el reconocimiento social que, finalmente, no se relacionan con nosotros mismos sino con lo que piensan los demás. El valor de un carro lujoso no va más allá de pasearlo para que los demás lo vean. Por el contrario, la invitación del libro es que no importa las expectativas o las opiniones de los demás, sino que somos nosotros los únicos espectadores de nuestra propia realidad. Con carro o sin carro somos los mismos en nuestro interior, y es a nosotros mismos que nos debemos.

Respecto a lo dicho son varios los pasajes que ilustran tal idea. Uno de ellos es cuando al momento de salir a pescar, Santiago va más lejos que todos los demás pescadores. Ahora bien, no se debe entender que él quería ser “más” que los otros, por el contrario, su decisión es completamente personal y la hubiese tomado aun si todos los pescadores van lo más lejos que pueden. Lo que ejemplifica este pasaje es que Santiago no depende de la opinión o del “estándar”, no se somete a lo que los demás dicen que es lo propio o lo “mejor”. Asimismo, sus cálculos no son “maximizar” la ganancia (mayor beneficio con el menor esfuerzo), su objetivo es entablar una lucha consigo mismo, quiere llegar más lejos de lo que él ha llegado antes.

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Carta al padre, Kafka (1919)


Carta al padre es el nombre que se le ha dado a la carta escrita por Kafka a su padre en noviembre de 1919. En la misma describe la relación con su padre y los sentimientos de culpa e inferioridad. Los malos tratos que recibió de niño, así como el carácter despótico de su padre que marcarían su personalidad y la manera en que se involucraría con el mundo. Kafka se describe a sí mismo como una persona tímida e insegura, temerosa de todo proyecto que se decidiera a realizar.

Esta hermosa obra es una ventana que no sólo nos cuenta las visicitudes del joven Kafka, sino también la sicología profunda de una sociedad enferma y despótica, en donde el ser humano es presa de una realidad agobiante que no comprende. A partir de la intimidad de una familia “promedio” de la clase media europea, Kafka nos muestra todo un análisis de la sociedad de su tiempo, sociedad de la que aún nuestro presente es una derivación. La familia, como unidad estructural de la sociedad, nos sirve entonces de marco de referencia del corpus social.

En tal sentido, la obra permite hacer un salto a partir de cada persona involucrada a las relaciones sociales que representan. Así, partimos de los polos opuestos que representan el carácter de Kafka y el de su padre, pasando por el papel que juegan los demás miembros de su familia, en concreto respecto a su hermana y su madre.

Hermann Kafka

En primer lugar, es al padre a quien se dirige la mencionada carta. Y es al padre a quien Kafka denuncia su angustia existencial como consecuencia de la relación que mantuvo con él durante la infancia. En palabras de Kafka, su padre representa la encarnación misma de la autoridad, tanto física como moral. Pero asimismo tal autoridad se presenta incoherente y de doble moral:

Desde tu sillón, nos dabas órdenes a todo. Sólo tu forma de pensar era la correcta; a las otras las considerabas disparatada e irracionales (p. 17).

Yo reconocía en ti la parte oscura de los tiranos, que no se basan en la dialéctica, sino en los impulsos salvajes de su persona. Al menos así me parecía entonces (p. 17).

Quiero agregar que cuanto más distanciado estás de la tienda y de nosotros, más cortés, amoroso, bueno y comprensivo te manifiestas (esto me hace pensar que es sólo un fenómeno externo), así como lo hace un tirano que cuando está fuera de su país, no tiene argumentos para maltratar a alguien, por lo que se manifiesta indulgente, hasta con las personas más modestas (p. 44).

Por otra parte, bien podemos encontrar la realización de los ideales capitalistas en Hermann Kafka (el surgimiento económico y social a partir de la libre empresa,  el trabajo y la iniciativa privada). Es, en la encarnación de estas dos cualidades (ideal capitalista y autoritarismo), que Hermman Kafka encarna la opresión de la sociedad capitalista. Mas tal opresión se realiza bajo la autoridad del progreso y el bienestar general, pues es su forma de interpretar el mundo la única válida.

Un tema recurrente es la necesidad de autonomía que reclama Kafka a su padre, pues sentía que su vida se remitía y limitaba en función de la relación padre-hijo. Son varios los intentos frustrados de autonomía, encontrando la causa en la falta propia de carácter, por un lado, y las críticas despiadadas del padre hacia cualquier proyecto del hijo, por otro. Así, Kafka desarrolló un auto exilio familiar, social y afectivo, el cual marcó la creación de su mundo literario.

La literatura para Kafka, pues, además de un escape, significó cierta rebeldía subterránea. Sin embargo, tal “rebeldía” no era más que una queja, un lamento que volvía una y otra vez de regreso a su padre.

Con tu indiferencia agrediste de una manera más efectiva mi vocación de escritor, y todas las cosas que tú desconocías se relacionaban con ella. Gracias a esta vocación, había conseguido cierta autonomía respecto a ti, aunque dicha autonomía era muy semejante a la del gusano que aplastado por un pie en su parte posterior, se desprende y se arrastra hacia un lado. En cierta forma cuando escribo estoy a salvo. La repugnancia que, por consiguiente, también tenías por lo que escribía me resultaba particularmente agradable. Es verdad que vanidad y amor propios perecían ante las frases, ya conocidas por nuestra familia, con que acostumbraras a recibir mis libros: “¡Ponlos encima del buró!” (…). Pero yo estaba satisfecho, no sólo por cierta malicia que se generaba en tu contra,  ni sólo por ver confirmada de nuevo mi opinión acerca de nuestra relación, sino porque también aquellas frases yo las interpretaba como si dijeras; “¡Ahora eres libre!”.

Por supuesto, esto solamente era una ilusión, pues aún no tenía libertad. Mis escritos se referían a ti; en ellos anotaba las quejas que no me atrevía a decirte frente a frente, recargado sobre tu pecho. Era una despedida de ti, dilatada expresamente (p. 51).

“… una despedida de ti, dilatada expresamente”. A pesar de los intentos expresados por Kafka, nunca pudo zafarse del influjo opresor de su padre. A ello alude su fracaso en realizar un matrimonio y su desconfianza en sí mismo. Ahora bien, se puede tener la sensación que el padre es el culpable de todas las desgracias de Kafka, a lo cual el propio autor admite que él mismo tiene responsabilidad, por su carácter débil y retrotraído.

Ahora bien, no puedo asegurar que he llegado a ser lo que soy, sólo porque tú influiste en mí. Esto sería una exageración, hacia la que incluso siento cierta tendencia (p. 11).

Ottla Kafka

Otro de las personas importantes en la vida de Kafka es su hermana Ottla. En la carta ella adquiere bastante importancia en la medida en que sirve a Kafka como punto de comparación respecto a la relación con su padre. Por una parte, el carácter de Franz Kafka se vio sometido y subyugado al carácter imponente de su padre. Pero por otra parte, su hermana Ottla representa la lucha rebelde ante el carácter despótico del padre.

Entre tú y yo nunca hubo una verdadera lucha, pues yo perdí muy pronto. Sólo quedó la huida, amargura, tristeza y lucha interior. En cambio tú y Ottla siempre estaban en guerra, preparados para herirse con todas sus fuerzas (p. 41).

Este punto es un aspecto importante a considerar. Dos personas han sido sometidas a la misma autoridad y opresión paterna (si es que lo podemos llamar así). Sin embargo, son dos personalidades diferentes que han reaccionado de manera diametralmente opuesta. Por el lado de Kafka, el subyugamiento se manifestó en silencio y resignación, siendo la literatura el escape del hombre oprimido. Por otra parte, Ottla  se revela ante la opresión y tras sucesivas batallas reafirma su libertad y su carácter, logrando así una liberación definitiva.

Partiendo de lo anterior, Kafka nos muestra dos reacciones humanas ante la opresión. Es, en esa medida, la radiografía de nuestra sociedad, con quienes se rinden al sistema y dejan toda esa carga en su interior, y quienes se revelan y adquieren conciencia de la situación despótica a la cual nos vemos sometidos.

Julie Löwy

Por último, está la figura de la madre, Julie Löwy. En palabras de Kafka en relación a su propia personalidad, los Löwy son de un carácter tímido y discreto: “… por el aguijón de los Löwy, que se introduce y actúa más discreta y tímidamente y en otra dirección, interrumpiendo continuamente esa penetración totalmente” (p. 12).

Julie Löwy juega dos papeles en la familia Kafka. Por una parte, es madre, y como tal, se muestra benevolente y quizá algo condescendiente para con sus hijos. Pero por otra parte, es también esposa y como tal debe fidelidad y obediencia al esposo.

Entre los dos papeles es finalmente el de esposa que se impone. Este hecho ahonda aún más la crisis y soledad del joven Kafka. quien pierde un posible apoyo.

Es importante tener en claro el carácter de la carta. En ella, Kafka pretende en primer lugar una liberación de sus demonios internos: expresar a su padre sus sentimientos más profundos, los cuales mantuvo en secreto ante el temor de enfrentarlo. En segundo lugar, un anhelo de reconciliación y de, quizá, construir una relación padre-hijo afectuosa.

La vida es algo más que un rompecabezas que se debe armar, pero con el ajuste derivado de esta carta, puede conseguirse algo muy cercano a la verdad, que quizá pueda calmarnos un poco y permitirnos aceptar con gran tranquilidad la vida y la muerte (p. 75).

Esta última frase nos habla, más allá de la particularidad del mensaje, de la literatura como medio de expresión íntima del hombre. La literatura como algo cercano a la verdad, pero una verdad vista desde los sentimientos y no desde la fría razón. Y quizá sea desde la literatura que podamos entender el rompecabezas humano y así reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás.

*Carta al padre. Ediciones Leyenda S.A. México (2010).

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El Nombre de la Rosa, Umberto Eco (1980)*


El Nombre de la Rosa es una obra excepcional, pues combina de manera afortunada elementos de la novela histórica y la novela negra. Parte del mérito de esta novela consiste en ser escrita por un conocedor del medioevo, con lo cual tenemos una ventana que muestra el espíritu de esos tiempos, conflictos, maneras de sentir y razonamientos. Si se lee esta obra con buen juicio y atención, de seguro el lector se convierte en un medievalista, o por lo menos, un medievalista en ciernes.

La acción de la novela se desarrolla a finales del año 1327 (noviembre) en una abadía benedictina del norte de Italia. En la abadía construida sobre una meseta habitan sesenta monjes junto con ciento cincuenta servidores. Una sucesión de crímenes deben solucionarse a través de una serie de pistas, en medio del escenario de una disputa histórica entre el Papa Juan XXII y el Emperador Ludovico el Bávaro.

Como novela histórica se presentan una serie de hechos reales, así como personajes y problemas propios de la época que permean el desarrollo de la trama. De esta forma son muchos los hilos que se entrecruzan para ser analizados, aunque bien podemos generalizarlos en dos sentidos: el sentido histórico y el sentido filosófico.

Sentido histórico

En el aspecto histórico, el siglo XIV fue un tiempo de crisis. Fue el siglo de la peste negra, la cual se estima mató a 25 millones de personas (un tercio de la población), y con ésta, la angustia escatológica relacionada con el anticristo y la ira de Dios. También fue el tiempo del Papado de Aviñón (1309-1377) y el Cisma de Occidente. Las tesis hildebrandianas (Gregorio VIII) concebía al Papado como líder espiritual y secular de la cristiandad, sin embargo, tal pretensión entraba en conflicto con el poder secular, en concreto con el Emperador del Sacro Imperio, lo que llevó a intensas disputas políticas y confrontaciones militares entre güelfos (a favor del Papa) y gibelinos (a favor del Emperador).

En ese contexto, se presenta en la novela una reunión entre una delegación papal y otra delegación franciscana. Tal reunión tenía como fin discutir la herejía o no de los fraticelli, quienes predicaron la pobreza franciscana y la renuncia de toda propiedad, salvo la necesaria para la existencia. Estas ideas se constituyeron como una amenaza al poder y riqueza acumulada por el Papado, así como también de la jerarquía y legitimidad de la iglesia como institución.

Sentido filosófico

En este aspecto haremos el hincapié de este comentario. Para ello, tomaremos la figura de fray Guillermo de Baskerville, un monje franciscano de Inglaterra quien es enviado a la abadía en los montes de la Italia septentrional, con la misión de organizar la citada reunión. Toma como compañero al novicio Adso de Melk, narrador de la historia.

Si bien Guillermo de Baskerville es un personaje ficticio, el propio Eco reconoce que en principio quería tener a Guillermo de Ockham (1280-1349), fraile franciscano y filósofo, como protagonista de la novela, pero lo descartó al no poder superar la antipatía que le suscitaba. Por otra parte, algunos comentaristas han puesto de relieve la semejanza del método seguido, la capacidad inductiva y la personalidad con Sherlock Holmes del autor inglés Sir Arthur Conan Doyle. Incluso el nombre de una de las obras de este autor se titula El sabueso de Baskerville. Y similar a Watson, Adso de Melk también actúa como narrador-protagonista de la historia.

Durante la novela son varias las referencias que hará Guillermo de Baskerville de los ingleses Guillermo de Occam y Roger Bacon (a quien cataloga como su maestro). Esta circunstancia va más allá de una simple coincidencia, puesto que a través de Guillermo de Baskerville (otro inglés), Eco nos comunica con los pensadores del siglo XIV, cuyas doctrinas serán en buena medida la columna del pensamiento moderno y científico.

En Apostillas a El nombre de la rosa, Eco acepta que si bien conoce mejor los siglos XII o XIII, “necesitaba un detective, a ser posible inglés, dotado de un gran sentido de la observación y una sensibilidad especial para la interpretación de los indicios. Cualidades que sólo se encontraban dentro del ámbito franciscano, y con posterioridad a Roger Bacon; ademas, de los occamistasa encontramos una teoría desarrollada de los signos” (p. 748).

En este sentido, y si se lee con cuidado, asistimos a una interesante lección de filosofía, donde la trama de un múltiple asesino es el pretexto.

En primer lugar, Guillermo de Baskerville no se enorgullece de su pasado como inquisidor, puesto  que como él mismo confiesa, se retiró por la desconfianza a los métodos empleados en la confesión. Por otro lado, en el juicio que realiza el inquisidor Bernardo Gui a Remigio da Varagine (cillirero de la abadía) por los cargos de herejía, Guillermo le confiesa a Adso que “a Bernardo no le interesa descubrir a los culpables, sino quemar a los acusados. A mí, en cambio, lo que más placer me proporciona es desenredar una madeja bien intrincada” (p. 563). En tal sentido, vemos a un Guillermo comprometido con la búsqueda de la verdad como fin en sí mismo, o en otras palabras, una ética del pensador que busca la verdad más allá de la riqueza o las recompensas.

La anterior idea no debe entenderse como el saber por el saber. Guillermo de Baskerville critica a Bencio quien es “víctima de una gran lujuria (…), la lujuria del saber. Del saber por sí mismo” (p. 565). Como consecuencia de ello, se cela y oculta el conocimiento para todos los demás… es un conocimiento egoísta y podríamos decir que vanidoso. Al contrario de la lujuria de conocimiento, Guillermo contrapone la sed de conocimiento de Roger Bacon, cuyo objeto es “utilizar la ciencia para hacer más feliz al pueblo de Dios” (p. 566). Sobre este contraste entre lujuria y sed, se representa el ideal moderno de democratizar el conocimiento al género humano, con el fin de alcanzar la felicidad y el bienestar. En contraposición tenemos a Jorge de Burgos, un monje español con fuertes recelos hacia la divulgación del conocimiento, pues considera que puede llegar a ser peligroso y nocivo para la fe… sólo unos cuantos deben tener acceso a éste.

Ahora bien, al ser la ciencia un instrumento del bienestar humano, la misma adquiere la responsabilidad de su uso, “porque la ciencia no consiste sólo en saber lo que debe o puede hacerse, sino también en saber lo que podría hacerse aunque quizá no debiera hacerse” (p. 141). Así que dentro de ciertos parámetros ésta debe ser resguardada con el fin de su buen uso por parte de los sabios. Es decir, declara necesaria la discusión filosófica y ética de los descubrimientos científicos, pues si bien su uso se guía en función del bienestar humano, también puede ser usada con malos propósitos.

Sabemos para qué el conocimiento. Ahora, ¿cómo es posible alcanzarlo?

Guillermo de Baskerville junto con Adso de Melk intentan descifrar el laberinto de la biblioteca (vísperas del tercer día), Guillermo le dice a Adso que para obtener el conocimiento del laberinto es necesario alejarse del objeto, puesto que Dios ha concebido al mundo desde fuera: “Estando dentro no logramos conocer la regla”. Guillermo le enseña a Adso la manera de conocer  el objeto de estudio por medio del alejamiento, premisa básica del pensamiento moderno.

Una vez logrado el “alejamiento” del objeto, procede la razón por medio de la formulación y prueba de múltiples hipótesis, hasta lograr que alguna de ellas se ajuste a los hechos estudiados. Claramente hay una fuerte influencia empirista de buscar la verdad por medio de los hechos, contrario a la escolástica que pretendía encontrarla a través de premisas y razonamientos deductivos. De esta forma, Guillermo de Baskerville diferencia entre sustancia (esencia) y accidentes (particularidades), siendo esta última la inteligible al hombre; por ello, no le gusta buscar la causa de la causa, sólo la causa inmediata al acto (por ejemplo, hablar de acto diabólico no tiene sentido para él). Es, en esencia, la encarnación del espíritu práctico y empirista: busca pruebas y no palabras.

Bien podría verse a este personaje como semilla del pensamiento moderno en el siglo XIV. Sin embargo, la escolástica se erguía en ese momento como el pensamiento dominante, en donde se concebía la razón como mera sierva de la fe, un  simple instrumento usado para desentrañar la revelación  cristiana.

Ubertino de Casale es entonces la antítesis del pensamiento de Guillermo. Es un hombre anciano cuyo sentido de la verdad se encuentra en la fe y en la revelación divina, o en otras palabras, un hombre de “sólo corazón y poca razón”. En cierto pasaje Guillermo de Baskerville y Adso tienen una discusión en donde Ubertino reprocha el pensamiento de Guillermo por considerarlo orgulloso y estéril.

Durante muchos pasajes se expresa la puja entre el viejo armazón escolástico y la nueva filosofía en ciernes. Un momento significativo de ello es cuando Guillermo le pide a Nicola da Morimondo (vidriero de la abadía) que le fabrique unas gafas siguiendo algunas especificaciones. El vidriero queda sorprendido por la posibilidad de realizar cosas novedosas a partir de su arte que, hasta ese momento, consistía solamente en repetir procesos mecánicos y consabidos. Es decir, en el oficio del vidriero nos contrapone el estatismo de la escolástica versus el dinamismo de la ciencia.

Asimismo, durante el laudes del cuarto día, Guillermo discute con Adso respecto a la validez del silogismo: “Me quedé confundido. Siempre había creído que la lógica era un arma universal, pero entonces descubrí que su validez dependía del modo en que se utilizaba. Por otra parte, al lado de mi maestro había podido descubrir, y con el correr de los días había de verlo cada vez más claro, que la lógica puede ser muy útil si se sabe entrar en ella para después salir” (p. 376). Encontramos en estas líneas de Adso una nueva contraposición entre el viejo y el nuevo pensamiento, pues si bien la lógica es un instrumento de la ciencia, no da por sí misma la respuesta al problema.

Cabe hacerse una pregunta: ¿Por qué el autor nos plantea toda esta discusión filosófica en la trama de una novela negra? Fácil, resolver un crimen exige el método científico en todo su esplendor. En un crimen hay un acto oculto o interrogante -¿quién es el asesino?-, una necesidad -encontrar al asesino y aplicar justicia-, y unos indicios o huellas que el mismo acto ha dejado tras de sí y que el investigador debe recolectar, analizar, plantear diferentes escenarios y concluir -aún con el esfuerzo del asesino de no ser descubierto-.

Pensemos en los dinosaurios: nunca nadie ha visto uno porque habitaron la tierra hace millones de años; no dejaron ningún tipo de registro escrito y mucho menos grabaciones o fotografías. Sin embargo, sabemos mucho acerca de ellos, porque a pesar de la oscuridad, han dejado huellas que la ciencia ha sabido recolectar y analizar por medio del método científico. Gracias a ello logramos recrear en nuestra mente los seres que alguna vez habitaron el planeta, aun cuando no estuvimos allí.

Recomiendo la entrada del siguiente blog sobre el sentido filosófico de esta obra. http://auladefilosofia.net/2008/10/29/eco-el-nombre-de-la-rosa/

*Editorial DEBOLSILLO (contemporánea), 2010.

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La Odisea, Homero (siglo VIII a.C.)


La Odisea, junto con la Iliada,  es una obra fundacional de la cultura occidental. Estos cantos definieron en buena medida el sentido estético y espiritual de una civilización cuya influencia llega hasta nosotros.

En apariencia la Odisea es la continuación de la Iliada, en tanto que narra las peripecias de Ulises, rey de Ítaca, para volver a su casa. Pero si se analizan ambas obras quizá no sea una mera continuación cronológica de eventos.

En primer lugar, si bien Ulises no es el héroe más destacado de la Iliada (estos serían de lejos Héctor y Aquiles sobre quienes gira la trama), sí es un personaje que visto en perspectiva fue quien ganó la guerra para los aqueos. Parece una afirmación bastante arriesgada, sin embargo, fue Ulises quien ayuda a convencer a Aquiles de volver a la batalla justo en el momento en que los aqueos estaban acorralados (si no vuelve no hubiese sido posible vencer a Héctor y con él romper el ánimo de los troyanos). Por otra parte, y a pesar de la muerte de Héctor, las murallas de Troya no habían caído aún y la guerra estaba en un punto muerto. Fue el ingenioso Ulises quien tramó el camelo del caballo de Troya y con éste la victoria final de los aqueos.

En segundo lugar, más allá de la confrontación de ejércitos, la guerra fue la batalla entre la areté y la hybris, entre el esplendor de Troya y la ambición de los aqueos por saquearla, entre la virtud representada en Héctor y el orgullo propio de Aquiles. Al ser destruida Troya, se destruyó con ella los valores que ésta representaba.

Teniendo en cuenta estos dos elementos mencionados, el viaje de regreso de Ulises resulta entonces una especie de purga o ablución del espíritu aqueo. Recuérdese que debido al orgullo y tono desafiante de Ulises con Poseidón el primero recibe aquella pena por parte del segundo. Resulta curioso también que el tiempo en que Ulises tarda en regresar a su reino son los mismos diez años que duró la guerra en Troya.

Ahora bien, parece ser que los hechos narrados sucedieron entre el año 1194 y 1184 a.C. El tiempo transcurrido entre la guerra histórica y la fecha que se supone fue compuesto el poema (siglo VIII a.C.) fue una especie de edad media para la cultura helénica. En este sentido, podría ser el viaje de Ulises una metáfora de la decadencia cultural de la Grecia pre-clásica y la tortuosa ablución. Por otra parte, el “final feliz” de la historia puede ser una alegoría del resurgimiento griego.

Pero bueno, lo anterior sólo es una intuición que bien valdría profundizar en otro momento.

La Odisea se compone de 24 cantos, repartidos en tres partes. La primera parte (Cantos I al IV) se denomina La Telemaquia, puesto que hace a referencia a Telémaco, hijo de Ulises, en la búsqueda de su padre. Se retrata el acoso de los pretendientes a Penélope, la ayuda de Atenea para que Ulises regrese a su hogar y la situación de Ítaca tras 20 años de su ausencia, luego de que partiera hacia la guerra de Troya.

En el Regreso de Ulises (Cantos V al XII), Odiseo llega a la corte de Alcínoo, en la tierra de los feacios, y relata sus aventuras desde que salió de Troya.

En la última parte, La Venganza de Ulises (Cantos XIII al XXIV), se describe el regreso de Ulises a la isla de Ítaca y la venganza llevada a cabo contra los pretendientes que por durante años han saqueado su hogar y sus riquezas. Vuelve con Penélope, recupera su reino y se establece la paz entre las itacenses.

A continuación se resume los primeros cuatro cantos, correspondiente a La Telemaquia.

Canto I

  • Los dioses deliberan respecto a la suerte de Ulises. Atenea intercede y Poseidón se muestra reacio.
  • Atenea se le presenta como Neres a Telémaco y le insta a iniciar la búsqueda de su padre.
  • Atenea vuela y Telémaco identifica que con quien habló ha sido un dios.

Canto II

  • Los pretendientes están reunidos por mandato de Telémaco en asamblea. Les reclama su estancia abusiva; ellos, le replican que la culpa la tiene Penélope por dar largas a la decisión de con quién casar, y engañarles tejiendo su gran tela de día y destejiéndola en la noche. Telémaco concluye que si se sienten engañados bien harían en marchar y no devorar la riqueza de otro que se encuentra ausente.
  • Zeus envía dos águilas sobre el ágora y devorábanse entre ellos como mal augurio a los pretendientes.
  • Haliterses Mastórida advierte a los pretendientes ladesgracia que cierne sobre ellos, pero no dan crédito a sus palabras
  • Telémaco anuncia en la misma ágora que parte en busca de su padre con ayuda de Néstor, quien a su vez afirma su apoyo a tal empresa. Los pretendientes se mofan.
  • Telémaco prepara el viaje y confierre a Euriclea, la nodriza y sirvienta más vieja, no decir nada a Penélope hasta tanto pasen 10 u 11 días o ella note su ausencia. Zarpó en la nave.
Canto III
  • Telémaco, junto con su mentor, hace arribo a Pilo, tierra de Néstor. Son recibidos de manera hospitalaria.
  • Telémaco, luego de deir quién es y de dónde viene,  pregunta al rey respecto a la suerte de su padre Odiseo. El rey de Néstor le contesta que no sabe nada de él una vez terminada la guerra, pero quien bien podría dar noticia de él es Menelao, soberano de Laconia. Néstor encargó a su hijo, Pisístrato, le acompañara.
  • Partieron luego hacia Laconia. En el camino, tomaron posada en casa de Diocles, en Feras. Pasaron la noche y al mostrarse la Aurora de dedos de rosa, retomaron el camino y al ponerse el sol llegaban a su destino.
Canto IV
  • Llegaron a la casa de Menelao quien daba celebración al banquete nupcial de su hijo y su hija. El primero, Megapentes, casó con la hija de Aléctor; a su hija Hermíone casó con el hijo de Aquiles, Neoptólemo.
  • Menelao recibe hospitalariamente a los visitantes y les colmó con regalos, tras antes decir que era hijo de Odiseo y la situación de Ítaca.
  • Durmieron y al otro día Menelao preguntó a Telémaco que le traía hasta él. Telémaco le dijo que lo buscaba para saber si él tenía conocimiento de la suerte de su padre Odiseo. Menelao le hizo referencia a la conversación que tuvo con Proteo quien le dijo que Odiseo estaba retenido por la diosa Calipso en una isla.
  • Mientras tanto, los pretendientes preparan una emboscada a Telémaco para cuando decida regresar a Ítaca.

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