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La Soledad


Qué curiosa es la soledad.
Es un vacío que pesa,
un grito que nadie escucha
pero que rompe la voz.
 
Qué curiosa es la soledad.
Creería que es una ausencia,
pero resulta que es una compañía.
La soledad no se separa de mí,
se adhiere insistentemente
a esta pobre alma cansada.
 
Qué bueno sería no sentir,
simplemente ignorar lo que sucede.
Pero no, la soledad es el recordatorio.
Si lo olvidas, ella lo recuerda por ti.
 
No es un simple estado de ánimo,
más parece un ente, aquí, con voluntad propia.
Una visita incómoda que no se va.
 
Qué curiosa es la soledad,
llega cuando nadie ha llegado.
 
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Diálogo de calaveras


Unos ojos muertos me miran, unos ojos ausentes en las cavidades profundas de una calavera. Una risa burlona me muestra sus dientes que perdió hace mucho tiempo… tanto que la piel que una vez recubrió se pudrió, se secó y fue alimento de los gusanos.

¿Qué piel habrá sido? ¿Acaso las caricias que alguna vez pudo recibir se han borrado también con el tiempo? ¿Será que el amor que alguna vez pudo sentir por una madre, un hijo o un hombre se ha podrido también? No lo sé. Pero es intenso el deseo en querer saberlo. No puedo comprender cómo algo inerte, vacío, muerto… material, alguna vez tuvo vida; alguna vez respiró, sintió…

Materia en forma, somos simple materia con una determinada forma, una materia que se desgasta, se pudre y olvida los sentimientos. El corazón se reduce a un simple músculo que bombea y bombea. ¿Acaso mi mente no es más que una serie de impulsos eléctricos y reacciones químicas que determinan lo que siento, lo que pienso; cómo y cuándo?

Sé que es una visión fatalista, tanto como la del destino, sentir que algo interno es mera ilusión, pues de una manera u otra ya se ha determinado que esté acá, enviando mensajes eléctricos a mi mano para que ejecute precisos movimientos de un esfero sobre un papel -y ahora que me haya decidido a teclear cada una de las teclas correspondientes.

¿Acaso ya se ha determinado que escriba esto, incluso definido ya el tipo de letra, el lugar sobre el que estoy sentado? Es una sensación de abismo, no saber quién es el que escribe: ¿el destino, reacciones químicas o “yo”? Pero aún peor es definir aquello a lo que me atrevo a llamar “yo”… un “yo” que finalmente será una calavera fría, seca y podrida que pueda que en el futuro mire a un vivo; sólo para que recuerde, lo que quizás, es en realidad.

Retrato de Nicolás de Omazur realizado por Bartolomé Esteban Murillo hacia 1672.

http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/agosto_00/01082000_02.htm

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